¿Qué pensamos de nuestro cuerpo? ¿Se adapta a las circunstancias o ya no sirve para enfrentar los diferentes obstáculos que nos presenta la realidad? Las concepciones acerca del mimo se exhiben de forma variada y como plantea Maldonado en
“Cuerpo humano y conocimiento digital” algunos autores piensan que el cuerpo está obsoleto y que debería ser cambiado. Estas afirmaciones, para el autor, esconden la aversión del cristianismo hacia el cuerpo. A mi parecer, falta un ingrediente más. Si bien es verdad que el cristianismo ha entendido y difundido males, pecados y obscenidades con respecto al cuerpo, a la carne y ha ensalzado la pureza de la mente libre de los malos pensamientos éstos no se encuentran solos. Hoy en día, muchas personas rechazan no sólo al cuerpo sino a este cuerpo diferente del de ellos: el cuerpo con otras capacidades. La gente se jacta de acompañar, ayudar y proveer medios accesibles para los discapacitados que terminan siendo puras ilusiones. No hablo sólo de ministros, dueños de empresas o arquitectos sino también de nosotros mismos, de la mirada que cada uno tiene con respecto al otro. La ayuda no sirve sólo instalando semáforos sonoros, construyendo rampas o implementando el sistema “closed caption”. Esto es, sin ninguna duda, de inmensa ayuda pero se debe complementarlo con la interacción social, con el “día a día” dando lugar a una vida tan completa e interesante que no se limita al cruce de una vereda.
Siguiendo con el análisis de Maldonado, éste explica que la tenencia de un cuerpo es un concepto erróneo porque da lugar a una falsa interpretación de poseer algo que no teníamos. “Ser un cuerpo” es la nueva propuesta del autor que ayudaría enormemente a comprender al otro desde la misma existencia. En palabras de Maldonado el cuerpo es
“la irrenunciable realidad cotidiana, como el cuerpo vivido cada día (...) como el cuerpo que somos”. Para él, éste es también protésico ya que se vale de diferentes prótesis para alcanzar las expectativas que el hombre se propone. Existen prótesis motoras que ayudan a acrecentar la prestación de la fuerza : ej. martilllo, tenaza, pinzas, los medios de transporte; las prótesis sensorioperceptivas que posibilitan la captación de niveles de la realidad que no son accesibles: ej. microscopio, telescopio, la fotografía; las prótesis intelectivas que son las que ayudan a potenciar el intelecto: ej. la escritura, el lenguaje.; y por último, las prótesis sincréticas en dónde confluyen los tres tipos anteriores: ej. los robots industriales.
Quiero detenerme en este punto debido al hallazgo de una paradoja. Si hablamos de un cuerpo que necesita de distintos artificios o herramientas para lograr objetivos que no podría cumplir por sí solo, hablamos según Maldonado de un hombre incompleto, deficiente que con lo que “es” no puede obtener ciertas cosas. La paradoja, entonces, se encuentra en que las personas con capacidades diferentes somos todos y no sólo algunos. Unos con más visión que otros, con mayor movilidad que otros o con una audición más desarrollada que otros no pueden ni ver como un telescopio, ni movilizarse largas distancias como un auto, ni percibir sonidos tan claros como un amplificador. Todos somos discapacitados y, sin embargo, ocurren divisiones dentro de este gran grupo.
Existen soberbios creyentes de poseer mayores capacidades y éstos son los que fragmentan a la sociedad, la dividen y crean una elite que sólo ellos ven, sienten y es quizá en ese aspecto que exista una superioridad en capacidades. Porque son capaces de creer conocer algo tan absurdo como inexistente.
Concerniente a mi tema investigado, la discapacidad motora, ésta encuentra un lugar en el texto de Maldonado:
“los trastornos motores son siempre, en mayor o menor medida, también trastornos de percepción espacial”. Obviamente esto se agrava si la discapacidad es sufrida luego de varios años de vivir con una percepción espacial diferente. Por ejemplo, a causa de un accidente uno puede quedar con poca o ninguna movilidad en sus piernas y esto cambiaría por completo la percepción que se tenía. Siguiendo con Maldonado:
“lo que caracteriza a un enfermo con trastornos de locomoción, independientemente de las causas, es sobre todo la pérdida del control automático de la habilidad motora. Pero semejante pérdida abarca al mismo tiempo la esfera de la acción y la de la percepción”
Esta pérdida de un control automático del que habla es la automaticidad de nuestras habilidades motoras. A esta idea se opone el control no automático o “atención consciente”. Una discapacidad en el área motora se caracteriza por el cese de la atención inconsciente. O sea, además de perder la movilidad, la posibilidad de trasladarse solo, también se pierde la inconsciencia del acto y, simultáneamente, se asimila en todo momento la existencia de la discapacidad.
Como si esto fuera poco, encima del constante recordatorio de la enfermedad, se hace más difícil poder volverla “latente” (que esté pero que no nos percatemos tanto de ella) en los distintos ámbitos. La ardua tarea del traslado es increíblemente paciente e impotente a la vez pero muchas otras actividades también lo son y de eso me percaté realizando la entrevista. Que cada negocio, vereda, subte, colectivo, banco, escuela, cyber, bar, universidad, entre miles de otros lugares, tengan un apropiado acceso para sillas de ruedas traería muchísimos beneficios no sólo para que el usuario entre a determinadas instituciones, sino para que “ingrese” a diferentes realidades, para que pueda entablar más relaciones e interactúe socialmente. No quiero que se malentienda mi concepto. La idea de que pueda acceder a una interacción social nueva no significa que antes no la tenía o que está afuera de la realidad. Creo que su entorno es muy importante pero también se debe tener la posibilidad de hallar nuevos mundos, de entrar no sólo a establecimientos sino a nuevas formas de relacionarse.
Por suerte se puede visualizar un horizonte que toma mi preocupación y la de muchos otros. Las noticias que publico en el blog muestran el desarrollo cada vez mayor de la tecnología en pro de los discapacitados. Pero no sólo eso, sino de la preocupación de la humanidad en su conjunto con respecto a este tema. Porque como dice Maldonado:
“la historia del hombre es, entre muchas otras cosas, la historia de una progresiva artificialización del cuerpo, la historia de una larga marcha hacia un cada vez mayor enriquecimiento instrumental en nuestra relación con la realidad”.